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Opinión | Las redes sociales: el trampolín del populismo


Fuente: ABC.es

Con el paso del tiempo el internet ha se ha convertido en una herramienta imprescindible para la recolección de datos y la conexión de identidades. A su vez, esta cascada de información infinita ha desembocado en un escenario de batalla virtual, lleno de usuarios, bots, publicidad, críticas y una peculiar licencia para hacer uso de la libertad de expresión que involuntariamente (en muchos de los casos) impulsa el populismo.


Lo anterior es confirmado por dos factores. Los efectos de las redes sociales en nuestro comportamiento humano y el contexto actual tan dramático en el que vivimos. El populismo tiene un papel estelar en este espacio informativo pues tiene la intención de atraer a la clases populares (o mejor dicho a los chavos de hoy) como respuesta a una crisis social, económica o política. Esto en todo caso, esto no es un complicación, sino más bien una situación de la que no estamos siendo consientes. La acumulación de “likes” y los “shares” en una publicación no garantizan ni miden la credibilidad de un hecho. Esta ignorancia tiene resolución en dos escenarios caóticos. La primera, la división de masas de un mismo sector por oposición de una ideología política. La segunda, la construcción de una futura sociedad que aparenta tener noción de la democracia cuando no es así.


Y es que la globalización impuso un cambio social que no solo abrió brecha hacia la formación de nuevas identidades, también sirvió un plato abundante de información que ofrece la posibilidad de tener un marco de referencia para cada tema. En pocas y sencillas palabras, la construcción de un espacio virtual tan inmenso le ofrece al individuo la posibilidad de tener más de un punto cuando se trata de elegir. El internet permite la comparación y la valoración de diferentes opiniones, diversas identidades y una gama finita de realidades sociales. Cabe destacar que esta condición intelectual vuelve más vulnerable, la unión y la paz dentro nuestro grupo social. (Sin romantizar, ni caer en lo hippie) Esto que podríamos llamar: disolución de la otredad, se intensifica cada vez más a medida que avanzamos en el ámbito tecnológico. Y ojo, no hablo de nada nuevo, la información siempre ha llegado a las masas y las ha dividido según su adoctrinamiento por distintos canales lingüísticos, pero el internet es por mucho el canal de comunicación más grande y “accesible” de todos.


Dentro del ámbito político, las identidades o figuras políticas que se postulan y se venden como líderes son valoradas por la sociedad para tener noción de qué institución o grupo de personas manejarán sus bienes y servicios, pero más importante aún, con qué objetivo lo harán. Las campañas políticas exponen sus objetivos, y algunos se presentan con poderes incluso omnipotentes. Este proceso “democrático” tiene la función de otorgar la participación social a través del voto. Pero por primera vez en décadas, la opinión de un ser humano que no necesariamente tenga una relación laboral con los medios de comunicación, puede tener un alcance global de manera fugaz gracias a espacios de internet como Twitter, Facebook o incluso Instagram.


Fuente: ABC.es

Aunque en su mayoría son escándalos o temas de ocio, la política implícitamente también toma impulso de manera subliminal para influir en el control de las masas. Estoy hablando de una valoración positiva o negativa con el que puedes catalogar a un individuo o a un grupo de individuos una vez que se conoces sus hazañas, su lenguaje o hasta su aspecto físico. El que un candidato a la presidencia regale despensa como parte de una campaña política, sea cual sea el contexto, se convierte en una hazaña que por más mínima que sea ofrece la posibilidad en vez de valorar su imagen. A su vez, está propaganda es amplificada en la redes sociales. Las hazañas de los candidatos de un partido político llegan a los lectores para convencerlos de una verdad absoluta. Es aquí cuando nos topamos con el histórico término del populismo.


Sobre el populismo

Me refiera a histórico no por su aparición, sino por el valor cognitivo que se le ha dado con el transcurso de los años y de los acontecimientos globales. Aunque en la últimas décadas la palabra ha sido empleada en su sentido peyorativo y como una señal de advertencia para un gobierno antidemocrático. En América, por ejemplo, esta tendencia política ha tomado bastante fuerza, y no es de sorprenderse pues una de sus principales características es ir en contra de los intereses de una clase “elitista” dominante. Algo así como el famoso “PRIAN” del que tanto habla ese señor canoso en México. El populismo en las redes sociales, trata de posicionarse como la única solución para un país con el fin de acceder al poder.


Alimentada por fake news, euforia y una actitud “revolucionaria”, la información en redes como Facebook fluye de manera imparcial y carece en su mayoría de argumentos e irónicamente de más versiones. Las redes sociales son un trampolín de esta tendencia política para para alcanzar esa parte emocional que conecte con la sociedad o una parte de ella, logrado con un discurso maquillado a desbordar de mentiras y falacias. La creencia de que solo se puede percibir la realidad y sus identidades de dos maneras que se ven bifurcadas en lo bueno y en lo malo. Lo que nos puede salvar o lo que nos puede hundir. Pero damas y señores, tienen que contemplar que la obstrucción de información no es ninguna cualidad de un sistema que intenta ser democrático.



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