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La Crónica de Juaritos | Supervivencia en medio del desierto: ¡Ay CU, qué lejos estás!



De nuevo es lunes a las 5:30 de la mañana y nada parece fuera de lo rutinario. Otra semana de clases ha comenzado y debo abrirme paso entre las calles oscuras y desoladas. Sólo se aprecia la luz de algunas estrellas, de la Luna y algunos automóviles que van con prisa de su casa hacia el trabajo o viceversa. A esas horas es muy difícil no ir con sueño; por tanto, la única luz que me apetece ver es la del camión que me lleva hacia la Ciudad del conocimiento ubicada a hora y media de distancia de la zona centro. Por fin se escucha el sonido de un camión con los frenos o la trasmisión en mal estado y la única preocupación que tengo al ver sus luces es la de asegurarme que sea el camión con destino a la universidad, pues con tanta oscuridad sólo se distinguen sus luces y debo hacerle la parada sin saber sí es el esperado o de lo contrario me pasará de largo. Pasó aproximadamente 10 minutos esperando en el alto donde debe detenerse, pero al fin, en camino.

Mirando a través de la ventana como van quedando atrás los lugares que conozco, la escena es casi la misma: el rutero con canciones sobre narcotráfico, el sendero desértico con animales muertos por doquier y la mañana fresca con esa imagen surreal donde el Sol y la Luna comparten el cielo matutino… en resumen, un día más de clases.

La universidad del desierto

Sin embargo, a veces el traslado se vuelve más desesperante, pues el conductor con frecuencia detiene su andar. Ya tengo memorizadas sus palabras: “pase a la de atrás" o simplemente "bájense ahora”. Es común que en ocasiones no tengan ganas de terminar su recorrido y nos hagan subir a otra unidad que sí tenga ganas de cumplirlo; No es posible que exijan por tercera vez consecutiva el aumento de tarifa.

Una vez en la periferia sólo resta esperar a que pase otro autobús. Está sólo y árido. Sí algo me pasa los maleantes tendrán la certeza de que tienen una hora para huir y hasta desaparecer la evidencia, ya que las políticas sobre desarrollo urbano y el juaritos de noche que implantó Cabada para que se aceptara su proyecto de Juárez Iluminado les han sido un gran apoyo para que siga habiendo muerte e incertidumbre, pero bueno, hay que llegar a la universidad de alguna forma. A veces es conveniente no pensar en ello, pero la gente acepta cualquier cosa con tal de sentirse protegida. Así nace la esperanza en medio del desierto.


Finalmente pasó otro autobús y al terminar el recorrido siento un gran alivio cuando miro en las arenas del desierto extenso que esconde a la universidad a las personas que con prisa se dirigen a sus aulas. Sin duda trasladarse hasta el colegio es muy difícil, pues sin considerar la distancia entre la mancha urbana y las malas condiciones del transporte público, el centro de estudios está en medio de un desierto y por tanto, las condiciones no son agradables; no sólo es pisar vegetación seca y llena de espinas capaces de perforar el teni, sino también cuidarse de las víboras de cascabel y otros animales que también luchan por su supervivencia. Es tan desalentador que ir a clases en busca de conocimiento sea tan agobiante. Y es que a veces es necesario soportar unos pinchazos por pisar alguna hierva muerta aún con espinas y estar alerta de los animales ponzoñosos que pudieran salir entre las arenas llenas de toritos para trasladarse de un edificio a otro. En fin, a los estudiantes siempre nos han querido lejos, y esta vez han logrado sacarnos de la ciudad para ir a clases.

Fotografías por Jesús Castro

Sé que no todos los centros de estudio están en las afueras de la ciudad y en completo abandono, pero la supervivencia que debemos enfrentar para salir tras nuestros sueños es algo que todos los juarenses tenemos en común. Debemos exigir que se respete por lo menos el derecho más indispensable de todo ciudadano: el respeto y protección de nuestras vidas. Un pueblo callado es un pueblo ignorado. Un pueblo sin estudios no conoce sus derechos, pero el futuro desalentador y el esfuerzo vano de estudiar una carrera, aunque sea afuera de juaritos, nos hace tomar otros lares.


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