¡Esta noche con Gary B! | Protestar y Marchar, ¿para qué?

“Me atrevo a todo lo que sea digno de un hombre, quien se atreva a más, no lo es.”

-Macbeth



Buenos días, tardes o noches, dependiendo de la hora en que esté encerrado en su baño compartiendo memes y respondiendo el quiz para saber cuál princesa de Disney es (yo soy Bella). El día de hoy hablaremos sobre esos tumultos de gente que detienen el tráfico y aquellos mensajes que muchos consideran no son expresados de “la manera apropiada”. Empecemos por preguntarnos: ¿salir a marchar o unirse a una protesta realmente sirve de algo?, ¿algún bien ha surgido por salir con pancartas y exigir cosas? La respuesta más concreta sería un ¡NO! Marchar no sirve de ni madres hoy en día, no importa la cantidad de personas que asistan o el icono cultural que arriesgue su imagen, en Latinoamérica no han logrado que ningún gobierno haga los cambios que necesitan sólo con marchar.


Antes de que te enojes y comiences a postear este texto como dañino y estúpido cual si fuera el de alguien que cree que el maltrato a los animales es cultura, déjame te pongo en contexto. Desde el 2014 el 80% de los venezolanos se han manifestado en contra de Maduro, en México se continúa con la exigencia de justicia para los normalistas de Ayotzinapa, en 2018 se creó la marcha de Pañuelazo Verde en Argentina, en Nicaragua había marchas para la renuncia de su presidente y en Chile cientos de estudiantes protestan por el uso de violencia en sus movimientos sociales y el régimen de Piñera… ¿qué ha pasado? En Venezuela no ha caído Maduro, en México no tenemos la menor idea de dónde están los normalistas, en Chile las fuerzas militares convierten en cíclopes a los manifestantes y los soldados abusan sexualmente de las mujeres, en Nicaragua los Ortega siguen al mando y en Argentina el aborto sigue siendo ilegal. ¿Parece de la chingada? Es porque lo está.


Sin embargo, no todo es tan negativo, durante el mes de julio de este año, los puertorriqueños salieron a tomar las calles debido a su indignación causada por la filtración de un chat en donde su gobernador, Ricardo Rosselló, se burlaba de las desgracias de la gente y lo orillaron a renunciar el día 20 de ese mes. Históricamente muchas cosas buenas se han obtenido mediante movimientos sociales y protestas, entonces, ¿qué hace que unos funcionen y otros no?, ¿cómo consiguieron el voto las mujeres para que en las elecciones pasadas algunas fueran tan ridículas (como muchos hombres) de pensar que votar por el Bronco era buena idea?


Veamos qué hace que las personas destruyan edificios. La humanidad se ha mantenido relativamente unida por los símbolos, los cuales representan creencias, posturas políticas, ideologías, etc. En el caso de México, desde el pasado 7 de noviembre, grupos feministas protestaron por presuntos encubrimientos de acoso sexual por parte de la UNAM. Durante las protestas se dañó propiedad de la universidad, esta situación ha dividido a la comunidad estudiantil de todo el país acerca de las “formas adecuadas” en que se debe protestar. Algunos dicen que los edificios no tienen la culpa, que otros alumnos no son responsables de lo que les pasó a esas personas y al dañar las instalaciones truncan sus clases, que con esos actos desacreditan sus propias causas y que sólo son revoltosas que quieren hacer paros activos para no ir a clases. ¿Realmente existe una forma adecuada? Qué tan enajenada está una gran parte del cuerpo estudiantil como para que piensen que un ridículo examen o la fachada de un salón son más importantes que la vida o salud mental de una persona. Para dejarlo claro, el campus de la UNAM es un símbolo, así como el acto de dañarlo, a los símbolos las personas les dan poder, por sí sólo un símbolo no significa nada pero, si se unen las suficientes personas, dañar el campus de la UNAM podría cambiar al país. La gente no debe agachar la cabeza ante las figuras con poder y “cuidar su patrimonio”, deben tomar esos símbolos impuestos y hacer cambios con ellos, en su momento se podrán crear nuevos.




Ahora, en cuanto a las calles… Imagina que vas en tu coche con rumbo a tu trabajo y el tráfico está de la chingada porque a tres cuadras de ti hay una manifestación, pasas al lado de ellos, tocas el claxon y les gritas, “¡pinches estorbos, pónganse a trabajar!”, llegas muy contento a tu trabajo y al poco tiempo te manda a llamar tu jefe para decirte: “Ramírez, estamos recortando el personal, ten y firma tu renuncia”. Tú, lógicamente, pides lo que por ley te corresponde para que te liquiden, pero tu jefe te dice que ni madres, así que tú y otros empleados no renuncian, hacen huelga, los despiden y terminan protestando afuera de una oficina de gobierno. Y todo iba súper bien hasta que un pendejo, pasa con su coche y les grita, “¡pinches estorbos, pónganse a trabajar!”. Se trata de ser empático, porque las protestas surgen de un ciclo de abuso y nunca sabemos qué es lo que nos va a orillar a marchar.


Las manifestaciones organizadas sirven como recordatorio de que los ciudadanos podemos exigir y generar un cambio. La gente marcha por muchas razones; obtener derechos civiles, no perder derechos civiles, por el descontento con el gobierno (o sea, en todos lados, ya saben que siempre estaremos encabronados por algo con el gobierno), para obtener justicia, etc. Las protestas no traen cambios inmediatos, pero generan mayor interés en la política, es decir, no vas a la marcha pero gracias a que sabes que hubo una, supiste de algún problema que podría afectarte y descargas todo tu odio con reacciones de enojado en artículos de Internet que no leíste o leerás.


Muchas de las cosas que hoy disfrutas y das por sentadas se consiguieron gracias a los movimientos sociales, pero de seguro nunca te cuestionaste cómo surgieron y cómo es que eso pasó. Por ejemplo, los derechos laborales, ¿apoco creías que los empresarios un día se despertaron y dijeron, “buenos días empleado, ya puedes descansar los domingos y sólo trabajar 8 horas”? Claro que no, no seas imbécil. La lucha por los derechos de los trabajadores comenzó en protestas y marchas, que tú descanses el día de la virgencita es gracias a esos movimientos. Pero también hay gente que se opone a esto y hacen marchas para nulificar otras marchas. Sí, hubo gente que quería que las mujeres no votaran, que los trabajadores siguieran con jornadas de más de 16 horas, y al día de hoy sigue habiendo gente que no quiere que los homosexuales tengan los mismos derechos, y no me refiero a Monterrey, sino al caso de Yucatán cuando intentaron aprobar el matrimonio igualitario, hubo un grupo de señores y doñas que a través de rezos pidieron que no lo volvieran legal… y así fue (¡¿neta, Yisus?!).


Y, ¿qué pasa una vez que se consigue lo que se le exige al gobierno? Sencillo: implementar un plan. No sólo se trata de marchar y quejarse por quejarse, una vez que el movimiento social tiene éxito, es necesaria una estrategia que ayude a la comunidad a mantener esas metas por las que tanto lucharon. Para que una protesta funcione es conveniente comenzar por tener un mensaje claro y repetirlo, repetirlo, repetirlo, repetirlo y ¡repetirlo! Así el mensaje queda claro y la gente se entera, como la Marea Verde en Argentina que ahora tiene un lugar en nuestro país y se llevan a cabo las marchas al mismo tiempo que las de allá. Después es necesario unir quejas similares a la causa. Por último, como joven de secundaria, pasar de las palabras a la acción, así se forman nuevos partidos y organizaciones en las que se crean ideas; reitero en que no sólo es quejarse por quejarse. Es necesario ponerle un condón a las malas ideas… aunque sé que no hay un condón lo suficientemente grande para tapar rezos o a Monterrey.


Protestar funciona cuando en el país hay espacio para la libre expresión y no como en Nicaragua, donde las protestas de plano ya son ilegales. Sí, el gobierno de Daniel Ortega, que a su vez llegó al poder gracias a un movimiento social, hoy prohíbe a sus ciudadanos manifestarse… eso es como si José José les hubiera prohibido a sus hijos tomar. La parte más importante es recordar que entre todos tenemos el poder de cambiar el mundo (o en nuestro caso, el país), pero eso no pasará si sólo te burlas de los que buscan el cambio, haces más daño compartiendo un meme sobre los pro-aborto o los homosexuales que esa gente que se manifiestas en su contra, lo haces porque compartes un mensaje de odio y descalificas causas por las que muchas personas han perdido la vida. Si no vas a apoyar mínimo no te pongas de estorbo para aquellos que quieren tener ese derecho con el que tú ya cuentas, no pongas excusas estúpidas como que no necesitas una bandera de colores, que las mujeres deberían cerrar las piernas o la estupidez de decir que los senos son genitales. Apoyar una causa social no te va hacer perder nada, al contrario ganarás un mundo donde todos tengan oportunidades y la calidad de vida aumente… en pocas palabras: si no vas a hacer algo por apoyar, no estés chingando a los que sí quieren hacer un cambio.


Dasvidaniya

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